#34. End of Helloween (Happy Helloween V)
Y por fin terminamos la saga protagonizada por mi, musa Fémina y Sátyro; expresando cómo termina una fiesta y lo rápido que pasa el puente del día de los Muertos.
Y aquí acabamos todo, pero seguiremos dando recomendaciones y subiendo algún que otro video en algunas ocasiones. Ahora, Damas y Caballeros, la última parte de Sangre:
1º-> SANGRE:
Meencontraba muy débil. La lucha con Beatriz, y sobre todo, las heridas que measestó me dejaron agotado. Perdí mucha sangre. Me vestí. El abrigo ocultaba lasheridas y la camisa ensangrentada. Era imposible que esa noche pudiera viajar de ninguna forma. Era un gran riesgo,podría haber más viejos conocidos cerca, mi estado era de gran debilidad. Volvía la pensión para quedarme otra noche más. Dormí casi 24 horas seguidas. Comprévendas para cubrir el pecho. Aún sangraba. Compré un par de camisas. Tardaría un par de días en cicatrizarbien. Últimamente me movía en tren. Así lo hice. Cometí un grave error. Casi mematan por un estúpido error. Por dejarme llevar por el instinto sexual de micuerpo. Tantos años y aún seguíanclamando venganza. Nunca estaría seguro. Nunca podría estar seguro de que nadieseguía mis pasos.
Fui recuperándome con lasangre animal. Entre tanto, no daban con mi identidad. Mis huellas dactilaresno estaban en sus archivos. Mi identidad fue variando según las diferentesépocas. No es difícil crearse una nueva si se conocen a las personas adecuadas.Estaban desconcertados. Por otra parte, ayudó a su estado de incredulidad lasangre especial que mi cuerpo alberga. Pese a recuperarme, aparentemente demodo completo. No lo estaba. La sangre animal no aporta lo mismo que la sangrehumana. Ese era mi plan. Morir poco a poco. Apagarme como una vela que se acaba porconsumir.
Agota.Agota revivir una y otra vez los mismos días. Los días con ella. Las mismashoras. Sus últimas horas. Los últimos minutos. Sentir los gritos que nunca oí.Ver su vida quemada por el sol. Buscar en la sangre arrebatada algo que me ladevolviera. Que me acercara a ella. Aun sabiendo que me habría matado de nohacerlo yo.
Me encontraba débil. Si en lossiguientes días me hubieran encontrado, mi existencia habría acabado. En esosdías tampoco pude cazar. Lo que hubiera acortado mi recuperación. Lascicatrices ya estaban bien cerradas y curadas. Pero mis fuerzas flaqueaban aún.
Los días eran clónicos. Pruebasy más pruebas. Preguntas y más preguntas. Los días se convertían en semanas. Físicamenteme deterioraba. Recurrían a la sangre animal. Mi dosis de supervivencia. Y lassemanas fueron meses. Observaron que el deterioro cada vez se frenaba en unpunto cada vez más traumático. Traumático para mi cuerpo. Mi apariencia era yala de un hombre de más de cincuenta años. Asombrados por esto, no dejaron quegrabaran de ninguna forma mi imagen. La opinión pública, y la publicada, ejercíansu presión. Querían ver juzgado al cruel asesino. Dado que en este país noexiste la pena de muerte, exigían un internamiento de por vida. Ya en unpsiquiátrico. Ya en una cárcel de máxima seguridad.
La Guerra Civil había comenzado.Opté por huir del país. De por sí no era sencillo sobrevivir en mi situación,cualquier descuido era mortal. Permanecer oculto durante el día, con el país enarmas, no me pareció posible. Hermanos matando a hermanos. Hermanos denunciandoa sus padres. Matar o morir por unas ideas se convirtió en motivo de supervivencia. Motivo de miedo, terror, pavor.Nadie estaba seguro de que el vecino al que todos los días saludaba pudieradelatarlo. Yo era un extraño fuera donde fuera, mi vida nómada generaba aúnmayor desconfianza. Fui a Francia. Cuando el derramamiento de sangreterminó, regresé. El derramamiento desangre dentro de la guerra, porque la sangre siguió manchando la vida del país40 años más.
Como era lógico no se informóa los medios de comunicación de que el asesino apresado era un vampiro, o creíaserlo. Y dado los sucesos que iban aconteciendo había quien empezaba a convencerlemi declaración. Sólo se dio a conocer mi locura. La muerte hastiaba el cuerpo,torturaba la mente. Empezaba a pensar que no sería capaz de aguantarlo. Cadavez costaba más retener la sed de eternidad. Empezaba a perder la fuerza que lasangre de otros me proporcionaba. La sangre que me proporcionaban no llenaba miansia. Los dolores de cabeza eran cada vez más intensos.
Cuarto bar. Cuarta cerveza. Dosamigos por compañía. Compañeros desde hacía unos meses. Me encontraba enuna de las ciudades más grandes delpaís, y pude, por una temporada, no muy extensa, permanecer en ella. 199… ¿quémás da?. Mis amigos “temporales” eran atractivos para las féminas o, al menos,poseían la labia suficiente para romper el hielo. Cosa que nunca poseí. Hechaslas presentaciones y tras una charla intranscendente, sólo una de las dosmujeres pareció mantener cierto interés, ¡y era por mí!. Pálida piel, sugerentecamiseta de tirantes y vaqueros, media melena castaña, ojos oscuros, gafas desol, de pasta blanca, en la coronilla. Su amiga, menos ancha de caderas, muyesbelta, de piel tostada, preciosos rasgos en su rostro, pequeña nariz… Todosnos acercamos a la casa donde ambas vivían. Seguía hablando con ella, le pedísu número de teléfono, los demás andaban delante, mis dos amigos seguían a lahermosa decoradora de interiores. El desinterés que mostró por ellos hizo quese despidieran de ella, casi con desprecio, cuando llegaron a la altura del portal de su casa. Siguieron
andando ensu peregrinar nocturno. Nosotros nos paramos al principio de la estrecha callepeatonal. Apunté su número de teléfono. La cogí en brazos hasta llegar al portal, su amiga esperaba dentro. Hasta ahí lasostuve, la dejé con sumo cuidado. Hasta ahí siguió el juego. Su juego. Ahíterminó. Me dijo que estaba casada, ¡cómo si me importara!. La guapa amiga, deuna belleza extrema, certificó con su cabeza tal afirmación. Tampoco vivíanjuntas. Casi todo era mentira. Mi mano derecha agarró el cuello tostado.
Lasllaves, que tenía en las manos, golpearon el suelo. Los ojos de mi embuste seabrieron hasta casi salírseles de las cuencas. No le di tiempo a gritar. Clavélos colmillos. Su sangre tintó su pálido cuello. Cayó al suelo. Sin soltar mimano derecha del cuello tostado, con la mano libre, desnudé su torso, mordí unode los pechos. No le dejé caer, revisé su carnet de identidad para asegurarmedel piso donde vivía. Recogí las llaves. Metí a las dos en el ascensor y lasdeposité dentro del piso. Bajé al portal para limpiar los posibles restos desangre, o cualquier otro resto que hubiera podido dejar. Volví a subir. Dospreciosos cuerpos me esperaban. Ya sin vida, me aproveché de ellos. Borré, conun cuchillo, toda huella identificable como mordisco.
El dolor físico estabaigualando al de su ausencia. Su sonrisa vampirizó mi espíritu. Ni las más deveinte veces que intentaron vengarla. Ni casi cien años. Eliminaron surecuerdo. El dolor resultó ser insufrible. Las venas, todas, parecían estallar.Como si cientos, miles, de minúsculos cristales se clavaran en ellas. Lasheridas que Beatriz me provocó cicatrizaron pronto. Sus manos casi mearrancaron el corazón. La cicatriz emocional jamás sanó.
Quedaban pocos días para elverano. El calor era agobiante. Cerca de 40ºC. En el hospital, los días erantorturas. No conseguí acostumbrarme al cambio horario. No estaba acostumbrado adormir por las noches. Mal dormía. Cuando lo hacía era como si perdiera elconocimiento. En un instante pasaba de estar despierto al agotamiento extremo.Mis parpados cedían sin remisión. En un segundo caía en profundo sueño. Nuncamás de dos horas seguidas. Despertaba y quedaba en un estado semi-consciente,en el que no distinguía si estabadespierto o dormido. Las largas sesiones de pruebas, análisis, escáneres, etc…eran agotadoras. Comenzaban a las nueve de la mañana y finalizaban a las nuevede la noche. Sin duda me equivoqué. Mis ganas de morir no superaban la barreraque el terrible dolor levantaba ante mí. Seis policías me custodiaban. Camisade fuerza. Pasamontañas. Gafas oscuras. Grilletes en los tobillos. El sudor meempapaba. Dos policías unos pasos por delante de mí. Dos unos pasos detrás. Unoa cada lado, casi pegados a mí. La entrada y salida al hospital las hacíamospor la entrada trasera del hospital. Por una puerta con acceso restringido,sólo para personal autorizado. Por ahí salimos, como siempre. Haciendo un girode cintura, me agaché. Di un paso atrás, más bien un salto, me coloqué detrásde mis guardianes centrales. Dando saltos intenté algo parecido a correr,estuve a punto de caer, me di cuenta de que mis saltos eran largos, con un parde ellos hice inútil sus carreras. Un río cortaba mi huida. Contaba con ello,de ello dependía mi éxito, menos de diez metros separaban mi monótono recorridode él. Aún tenía suficientes fuerzas para intentarlo, y lo hice. Ahora el río quedaba a unos quince metros de altura. Los seis policías nacionales, deno menos de 1´9m de altura, avisaron antes de disparar, dándome el alto. Un parde ellos intentaron alcanzarme corriendo, como he dicho, mis saltos anularon suintento. Las ráfagas de sus metralletas sonaron. Sonaron como un abrumadorreplicar de extrañas campanas. Campanas que llamaban a muerte. Sonaron y mealcanzaron. Sentí los proyectiles atravesarme las piernas, el pecho. La camisade fuerza se coloreó roja. Cuatro, seis, ocho, doce, no sé cuantas balas mealcanzaron. Salte al río. No caí en su cauce. Aunque lo hubiera hecho de pocome hubiera servido, poco habría amortiguado mi caída, porque su caudal era másbien escaso. Los árboles frenaron un poco mi caída. Las ramas rasgaron elpasamontañas, hicieron saltar las gafas de mi cara. El golpe fue brutal. Merompí varios huesos, un brazo apenas lo podía mover. Los disparos siguieronalcanzándome. Las extrañas campanas no cesaban su repiqueteo. Sin apenas abrirlos ojos, protegiéndomelos del sol, me levanté dolorido y volví a correr. Micara se quemaba. Parcialmente estaba liberada de la protección delpasamontañas. De las gafas. Buscaba unlugar sombrío para ocultarme del sol. El cauce del río se ocultaba en unpuente, fui hasta él. Las balasperdieron su efectividad. Las sombras de los árboles me protegían de losúltimos rayos solares del día. Lo que hacía que las quemaduras no fueran aúnmás graves. Descansé unos segundos. El acceso para los policías, desde suposición, al río, era dificultoso. Aguanté un minuto para reponerme. Noquedaban mucho tiempo para empezar la noche. La huida por el cauce del rio mefavorecía. La oscuridad acudió en mi ayuda. Esa noche no me pude mover con lasoltura que deseaba, al menos al principio. El frenesí de mi escapada, lasheridas de la caída, las balas y las quemaduras, además de mi lamentable estadofísico, me dejaron muy debilitado. Lasuerte se alió conmigo. Un solitario vagabundo merodeaba cerca del río. Tuveque dejar casi sin sangre al pobre vagabundo. Su sucio cuello me repugnó. Lotiré al río a empujones. El primer mordisco lo dejó paralizado. El agua limpióun poco su asquerosa piel. Ahí, ya, me sacié. Entonces, recuperando parte de mi fortaleza, pude hacer pedazos lacamisa de fuerza y los grilletes que entorpecían mis movimientos. Aún dolorido,eso sí. Las horas nocturnas no eran muchas, dada la época el año, así que teníaque moverme con soltura. Maté a otro hombre, su sangre ayudó a recuperarme, suropa me fue de vital importancia también. Tardaría varios días en poder estarrecuperado, en esos momentos mi preocupación era escapar del estado policialque se iba a crear en la ciudad, en el país, de momento huir. Luego sobrevivir.Sin casi descanso fui directamente a la caja de seguridad de la estación detren, donde solía dejar mis cosas de valor la temporada que permanecí en esaciudad, otras veces eran distintos sitios, dependiendo de las posibilidades quela ciudad o pueblo me brindaban. La llave, oculta, para salvaguardar miseguridad, oculta en un árbol, en el interior de su tronco, en un parquepúblico. De nuevo en la vida que quiseabandonar…
Lleno de dudas y miedos, todoesto no me sirvió para nada. Tenía presente a Susana. Tenía presente la rabiaque Beatriz me inyectó aquella noche. Tenía presente mi constante y eternahuida. Tenía presente mi maldición. Mi vida era roja. Mi vida era sangre.
¿FIN?...
Al Nevile - Sr. Lobo (Loboaullador)
Estos vídeos son muy entretenidos y a más de alguno de todos ustedes tendrán la piel de gallina al escucharlos. Magiosa, de Buenos Aires, buena narradora de historias de todo tipo, y a quien le gusta hablar sobre cualquier tipo de temas; Y Shadow27682, un usuario mu trolaso que parla sobre mitos y curiosidades extrañas de todo tipo de videojuegos.
Estos vídeos son muy entretenidos y a más de alguno de todos ustedes tendrán la piel de gallina al escucharlos. Magiosa, de Buenos Aires, buena narradora de historias de todo tipo, y a quien le gusta hablar sobre cualquier tipo de temas; Y Shadow27682, un usuario mu trolaso que parla sobre mitos y curiosidades extrañas de todo tipo de videojuegos.
3ª -> WEBCOMICS
De un conjunto de buenos artistas y otros que necesitan apoyo o que simplemente son recomendables de leerse pá entretenerse un rato, Damas y Caballos.
Fantasy Quest - de Cactus
Double Love - de Davstn
Guerreros de la Luz - de BWA
¡Que lo Parió! - de Ernesto
Habitación 8 - De Lucho Volke
Vlexxa cómic - De Vlexxa
SUBCULTURA, Webcomic de Webcomics de parla Hispana.
Y bueeenooo, esto ha sido todo por hoy, aquí se acabó la saga Happy Helloween, una buena saga que me ha hecho romper mi brazo derecho y que me ha entretenido bastante tanto a mi como a ustedes mis lector@s, quienes os agradezco con todo corazón de león masacrado por un camión que nos hayáis leído durante todos estos días.
Personajes participantes: Servidor (Wilson), Black Metal, Kelley (Freak Kelley), Torturer-Woman (Pam Vamp), Olzombie (Ollie Rombie), Línkener (John Nadie), Barwoman (Edwina Heartlion), Loboaullador-Sr.Lobo (Al Neville ), Sátyro (Sátyto Filth), Pimpinelo (Jacinto Pinigol), Thrawn (Daniel Thrawn), Fernán (Hacha), Bradley J. Storm (Fabio 2000), Guille (Guillermo Mendosa), Musa Verde (Pámerno), Musa Sádico (Ignacio), Musa Fémina (Pilar), Tsuki (Tsuki Dark), Rob3rt (Rob3rto Clown), White Rabbit (Daniel Lamb), Promnightmares (Marty Promnight), Ivankiller (Ivan Beer), Osoyogi (Oy Owln), y ya tá.........buffff....
He de darles un saludo a muchos de mis camaradas de abando por ser mis buenos personajes con sus rasgos distintivos, a los de la sección de asesinos, a la familia, y a mi mesmo por esforzarme.
Muchisimas gracias. Ésto sería posible sin ninguno de todos ustedes damas y caballos.........
¡SI!, ESO, casi se me olvidaba, lo de Happy 'HELLOWEEN', ...ejem...si, Helloween no es término que me haya inventado, si no un grupo de Heavy Metal que me encanta, que me gusta mucho, cuya música es original y muy Rock: Helloween. Un buen Rock&Roll.
Eso si, muchísimas gracias y hasta el viernes. Donde veremos si seguimos con la saga Pregnada a los 17, que uno ya se pregunta qué le pasará a la fémina jeje.......
Muchas Gracias.
Saludos y toda esa Bazofia, Damas y Caballos.
¡OKAS!
...................................
''Solo los tontos contestan si los otros están de acuerdo ¿D'acuerdo?''
*Wiliamson 'Wilkinson' Esbond Valer
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Vuestros comentarios me alimentan! ¡Alimetadme Damas y Caballos, quienes sois bien recibidos!